Cuando lo impensable sucedía en un karting que ya no existe

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Proclamarse Campeón de Europa de karting después de llegar al circuito con el kart en la furgoneta y tu padre mecánico suena a ciencia ficción hoy día, pero no tanto hace casi 30 años...


El karting siempre ha sido un deporte caro. No se puede decir que correr a un alto nivel en los años 90 fuera tan barato para una familia como jugar al fútbol o montar en bici. Los motores de carreras siempre han sido caros (y en aquellos años no eran tan fiables, en su mayoría), así como los neumáticos, todo lo necesario para competir, etc. Sin embargo, hubo un tiempo, sin perjuicio de estos costes, en el que la perspectiva de quienes se acercaban incluso a las competiciones más importantes era diferente a la actual. El concepto 'wild card', término que proviene del juego de cartas, donde una carta comodín es aquella que puede sustituir a cualquier otra carta a elección del jugador, se usa en deportes también del motor, como el mundial de motociclismo, donde por ejemplo un piloto del país donde se celebra el Gran Premio y que no participa en el campeonato de forma permanente, participa en el mismo de forma excepcional, así como a un piloto de pruebas de manera esporádica.

En 1995 en el Campeonato de Europa de Karting 100 ICA, que se disputaba a una sola prueba en St. Amands, fue precisamente un 'wild card' el que ganó el título entre 200 pilotos de toda Europa: estamos hablando de un mundo que ya no existe - obviamente - neumáticos libres por reglamento, pilotos locales que corrieron la carrera de su vida y con muchos de los oficiales se quedaron con las manos vacías. En ese caso la diferencia la marcó el chasis italiano (Tecno, muy popular en Francia) pilotado por los pilotos locales, tanto es así que muchos privados iban muy rápido, todos sobre el mismo chasis de 28 mm, ayudados también por su conocimiento de la pista. En aquella edición, los neumáticos Vega consiguieron llevar las gomas hasta el final (cosa que no consiguió gente como Jenson Button, sobre chasis Tecno pero con neumáticos Bridgestone) y uno de ellos, el particular Arnaud Leconte, en pista con su padre mecánico y una furgoneta, se proclamó Campeón de Europa.

Ciencia ficción, si pensamos en el karting de hoy día, y en un Campeonato de Europa de la FIA accesible en gran medida sólo a los pilotos que corren prácticamente todos los fines de semana -independientemente de su país de origen, a menudo en un continente distinto al de la carrera-, seguido de una corte de profesionales, en un paddock lleno de "hospitality" al estilo F1.

Created by: jomedas - 30/05/24

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